- ¿Es ésto el cielo? - Pregunté.
Este es un lugar lejano al que no sé como he llegado.
Aparte de Soledad veo miles de almas que atraen mis pupilas, algunas más dóciles que otras. La paz y la cortesía parecen moneda corriente en éste lugar. Un verde se apodera del paisaje y las voces inaudibles son la música que suena aquí.
Nadie transita pretendiendo ser mirado y algunos piensan en molestar sin ser molestado. Y un tamborcito alegre me pide a gritos que lo vaya a salurdar.
- Ésto... ésto es otro infierno - supe responder.