24.3.09

"Me encerraba en una botella, con un casco para respirar, y para que nadie me reconociera. Veía todo desde adentro, inventandome las sensaciones que me podía llegar a provocar el viento, el aroma del mar y el frío que por las noches azotaba a los peces. La mayor parte del día, me la pasaba recordando, imaginando y planeando. Era solitario y compacto el espacio que ocupaba. Recorría el mundo así, encerrado en la botella, disfrutando de mi locura que a veces me llevaba al abismo, a veces al cielo y a veces a ningún lado. Miraba a mi alrededor, sin poder salir, sin querer salir, sin querer vivir todos los dolores que acarreaban al mundo.
Y es que, te digo, en el mundo había mucho dolor ya antes de que me excluyera de él.
Antes, era una persona que disfrutaba como cualquier otra de las maravillas que tiene la vida. Sumergido en las maravillas descubrí el error de la humanidad. Descubrí también muchas otras cosas que la gente no quería ver, por miedo, por ignorancia, o por no tener tiempo.
Al haber realizado tales victorias en mi cabeza, quise compartirlas con el mundo. Me equivoqué al pensar que el mundo estaba preparado para conocer la verdad. Nadie demostró estar preparado para tanto, y discordiaron conmigo. Me lastimaron, me hierieron profundamente en el alma, y decidieron que yo no debía formar parte de su "sociedad".
Decidí que si el mundo no estaba preparado para mi, me iba a ir a conservar a donde el mundo me aceptara. Y después de meditar correctamente sobre las consecuencias que traería mi exiliación, decidí que era lo mejor.
Me embarqué en mi botella al mar, encerrando mi mensaje, para que se preserve, para que llegue a alguna costa y alguien algún día se entere de la verdad del mundo."
Decía un mensaje que había en una botella que encontré alguna vez en la costa de mi mente.