4.5.09

Cuando era chico había encontrado tantas formas de divertirme, que fácilmente olvidaba hasta como me llamaba en esos infinitos instantes. En esa etapa de mi vida elevaba mi alma a un punto en el cual yo solo llegaba, sin molestar a nadie. Podría decirse que me encerraba en una botella y navegaba por el mar sin rumbo alguno...

Entre tantas cosas, recuerdo escaleras, terrazas, un montón de decapitados, y por supuesto un verdugo. Y mis escapes a la fantasía no eran tan solitarios... fue el tiempo el que me separo de mi fiel compañero, el cual decidió tomar otro rumbo, a la hora de soñar.

Y lo mejor de todo eran los desafíos. Me gustaba desafiar a mi propio intelecto, en base al intelecto de otros, claro está. Me emocionaba el hecho de que al tener una estatura la cual apenas me permitía encender la luz, podía callar al más alto. Quizás hubiera debido cerrar el pico... quizás hubiera debido hacer tantas cosas que ya no puedo hacer...